Carta abierta a JFK…

Hoy te hablo directamente a ti, querido hombre que pueblas mis sueños, pesadillas y casa de ropa sucia y botellas vacías. Lo mejor es sacarte a la luz, adorado macho que gruñes y procrastinas cada vez que tienes que doblar la ropa (esa misma que yo pongo en la lavadora, tras separarla por colores, todas las semanas sin que nadie me lo pida), que sufres lo indecible por sacar los platos limpios del lavavajillas, que ni se te ocurre fregar un tenedor si no te lo exigen desde dirección.

Estimado graciosete, que aseguras contar con la presencia de un mágico “duende” en casa que va recogiendo los desechos de tu desorganización cotididiana, aprovecho para comentarte que acabo de despedir toda humanidad y solidaridad con tu ropa sucia, platos sin lavar y botellas de agua vacías… ¡ahí te las apañes!

Esto ha durado ya mucho tiempo, y el “estoy tratando de mejorar” y “lo voy haciendo poco a poco” suenan ya a discursos rancios y apolillados de votante del PP. Querido mío, tu casa se ha convertido en tu peor enemigo sin que te hayas dado cuenta. A partir de hoy es Esparta. Y, créeme, vas a tener que aprender a organizarte y tendrás que empezar a mejorar de verdad si quieres sobrevivir, porque no vas a tener ni una mínima ayuda.

Dicho esto, estimado joven despegado del mundo, también te confirmo que no te recordaré más cumpleaños, ni te diré medio mes antes que va a ser mi cumpleaños, ni siquiera te aseguraré haber hablado con tu hermano para que sepas que todo en su vida está bien. Tus relaciones sociales que sean tuyas, a ver si te las trabajas.

Y no te lo tomes a mal… pero ya es hora de que tú, pequeño pajarillo agazapado bajos las alas de esta mamá adoptiva, empieces a volar por tí mismo sin la seguridad de que alguien va a estar ahí para ser tu criada, amiga y chica para todo.

Te quiero mucho, querido, pero no más que a mi y estoy harta de ser tu criada, relaciones públicas y tu conciencia. Tú no me devuelves ni la mitad de eso. No tengo ni criado, ni RRPP ni nadie me recuerda que tengo que ir a renovar el DNI. Vamos a buscar la paridad…

PS: Estimados lectores, veamos cómo funciona el sistema de racionamiento hogareño… ¿Cómo se las apaña un hombre sin ayuda femenina? Más en próximos capítulos…

Ilustración de Criminal.

En busca del reloj perfecto

Hace ya unos días que ando en busca y captura de mi reloj de pulsera perfecto. Pensé que lo había encontrado, era la versión fucsia del clásico de Casio, pero no sé si es que todavía no está en las tiendas, porque no lo encuentro por ninguna parte.

El tiempo pasa y yo todavía no he encontrado “EL RELOJ“. Descartado queda Swatch (de verdad, ya no soportaría tener un enésimo reloj de esa marca y que se me rompa) y también Fossil… ¿Qué otras opciones chulas pirulas conocéis?

Yo estaba pensando en un modelo de Harajuku Lovers o de Paul Frank, pero no estoy muy convencida, sobre todo porque no los veo muy sólidos ni duraderos.

¿Alguien conoce algún reloj de pulsera maravilloso? ¿Alguien cree saber qué reloj me fascinará?…

Ilustración de Vik Arwen.

Junot Díaz: radiografía de la República Dominicana.

Tuvo que ganar el premio Pulitzer en 2008 para que todo el mundo se diera cuenta de su talento y su especial estilo que narra con frescura, conocimiento e ironía la vida de los emigrantes dominicanos en Nueba Yol… hablo de Junot Díaz, la revelación literaria (¿latina? Escribe en inglés, casi en Espanglish) del año.

La novela que leí, por la que le dieron el Pulitzer (la única editada en España, por cierto), titulada “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” es, desde el título, un soplo de aire fresco para la literatura latina (felizmente anclada en el realismo mágico y/o político), abrazándola desde el punto de vista de quien se fue lejos en busca de un futuro mejor.

Y es esta novela la que ha vuelto a hacer que algunos dominicanos, escépticos con la calidad cultural de su paisito (apesadumbrados y alicaídos al ser llamados tercermundistas, en lugar de encauzar su creatividad en esa crisis perpetua), se sientan orgullosos de su nación y de su literatura, que canta a los cuatro vientos los tópicos de la media isla que no suelen saber los extranjeros (estaba a un pariente blanco de ser jabá…).

El relato de Díaz comienza con la infancia de Wao (un jovencito que en preescolar ya tiene dos novias, prometiéndose como el donjuán dominicano que su familia espera, pero de repente ellas le piden que elija y su decisión, incorrecta, por supuesto, le lleva a ser abandonado la semana siguiente y comenzar a engordar hasta convertirse en el Oscar Wao nerdoso y solitario de su adolescencia), pero rápidamente pasa a contar la historia de la familia, supuestamente marcada por el fukú (Zafa!), o un gafe que se hereda de generación en generación, y cómo ha hecho más fuertes a los que han sobrevivido.

La novela, narrada (de forma velada) por el único “amigo” de Óscar, Yunior (compañero de habitación en la universidad y novio de su hermana Lola), se divide en tres partes: la primera, que es un avance del futuro familiar, la segunda que es un retroceso al pasado de la familia (los orígenes de su fukú, muy vinculados al Trujillato) y la tercera, el breve desenlace, que casi justifica el premio por sí misma.

No se olviden de su nombre: Junot Díaz. Este joven dominico-americano (que mantiene una lucha con las dos lenguas al estilo Jeckyl-Hyde) tiene todavía mucho que decir en la literatura contemporánea, en la que todavía se están marcando pautas y cada vez los estilos son más personales (no hay grandes corrientes literarias como en otras épocas, como por ejemplo el romanticismo). Su capacidad descriptiva de una sociedad como la dominicana (comparona y bulliciosa hasta extremos ridículos en muchos casos) es simplemente stunning , dando en el clavo en cientos de adjetivos que, sin duda, harán reir al lector por ser un reflejo de la (no tan triste) realidad de la media isla, marcada, desde luego, por los golpes de la historia, cuyos habitantes han tenido a bien afrontar con la mayor de las [aparentes] tranquilidades.

Al fin y al cabo es el país del ron y de las chicas en bikini, nada se inmuta en el Caribe.

Ilustración de Redcoulter.

Sobre el café

Desde que he vuelto al trabajo el pasado miércoles (añoro tanto las vacaciones…) no paro de pensar en lo interesante del café, que consigue mantenerme despierta y más o menos activa durante todo el día.

No es placer lo que me lleva a tomar café por las mañanas, es espíritu de supervivencia. De hecho, los fines de semana tomo sólo leche con mi desayuno. Si bien es cierto que en Grecia disfruté todos los días de tomar un buen Frappé de desayuno (y a lo largo del día).

Es sólo muy de cuando en cuando que, en mi día a día, tomo café por puro placer. Para esos casos, por deformación sentimental, en casa tenemos kilos y kilos de café Santo Domingo y también Perla Negra (siempre hay un dominicano amable que se ofrece a traernos esta ricura de café). El toque especial se lo da la nuez moscada y la canela que introduzco en la cafetera (¡la greca, según los dominicanos!)…. mmmmm.

¿Y vosotros?, ¿disfrutáis el café o, como yo, la mayoría de las veces es sólo una forma rápida de manteneros despiertos?

Ilustración de Mayra Patrícia.

El camino no se hace sentado

Hay un lugar en que se quedan los sueños perdidos, inalcanzados. Es el mismo lugar en el que se ubican las promesas inclumplidas, los amores eternos que llegaron al desengaño e incluso los orgasmos de las mujeres frígidas pero buenas fingidoras.

Ese limbo entre la realidad y la utopía más favorable está lleno de buenos sentimientos que nunca llegaron a verse realizados y es como un canto de sirena para determinadas personas que se ciegan con lo que pudo ser y no fue. El limbo no les permite avanzar, sino lamentarse de la mala suerte de no haber conseguido ese sueño perdido.

Recientemente envié a ese limbo un cambio que yo esperaba en mi vida (mmm, soy misteriosa…). Fue un envío exprés y me encantó el hecho de que no me dolió para nada desprenderme del cambio. La actitud positiva y optimista es la única que permite que ese limbo no te fagocite y no acabes por quejarte de “lo horrorosa que es tu vida” y entrar en la horrible espiral de autocompasión que no se puede traducir en nada positivo.

No me imagino lo que hubiera sido de mi si en lugar de seguir caminando me hubiese parado y empezado a quejarme. Al fin y al cabo… el camino no se hace sentado, ¿verdad?

Ilustración de Lola2000.

Grecia no defraudó

Ya estoy de vuelta. Ya saben, un poco con el trauma post-vacacional (que se hará más intenso el miércoles, cuando vuelva a trabajar) de saber que me espera todo un año de hincar bien los codos y sin muchas vacaciones ni festividades.

El viaje por Grecia ha sido una de las mejores cosas de 2008. Atenas finalmente no me decepcionó para nada (más bien me encantó, me fascinó, me hizo querer sacar lo mejor de mí misma…) y descubrí que subir a la Acrópolis y ver los restos del Partenón (y el Erecteion, con sus cariátides) es una cosa que hay que hacer al menos una vez en la vida. Es absolutamente flipante esa sensación de estar sola ante el infinito aunque haya otros 500 turistas a tu lado.

Ya saben ustedes que somos unos viajeros que disfrutan de experimentar la gastronomía local… y así dimos buena cuenta de gyros, souvlakis, saganakis, todo tipo de keftedes, kalamarakia, etc. Un festival gastronómico digno de cualquier rey de la comida… ¡barato y riquísimo!, ¿Quién da más?

La isla de Skopelos, por su parte, es un remanso de paz, una isla absolutamente verde y acantilada en medio del océano. El pulmón del Egeo. Fue una maravilla descansar 5 días allí, coger un coche y recorrer sus monasterios en montañas totalmente inaccesibles y sus playas también bastante inaccesibles.

Por suerte no es una de esas islas masificadas de turistas y pudimos disfrutar de la tranquilidad y hospitalidad de sus gentes sin el agobio constante que habíamos vivido en Atenas. En Skopelos el tiempo se ralentizó de una manera maravillosa, lo que nos permitió disfrutar de cada minuto de sus aguas turquesas y bucear sin descanso en busca de nuevos peces y transparentes fondos marinos.

Por cierto que la película Mamma Mia está rodada en Skopelos, así que si veis esas calas azul turquesa a las que parece que no se puede llegar nada más que en bote, acordaros de mí y de lo mal que lo pasé para poder llegar en coche a algunas de ellas (pero también de lo mucho que me compensó).

En fin, qué más os puedo contar (seguramente mil curiosas anécdotas, unas divertidas y otras sofocantes…): que he venido maravillada de ese país (que se me antojó muy parecido a Portugal por su elegante decadencia), que he mejorado increíblemente mi griego e incluso me hacía entender en tiendas, restaurantes y taxis en el idioma local (para regocijo de los griegos, que no deben ver a mucha gente que estudie su bella lengua), que he disfrutado de unas vacaciones culturales+playeras maravillosas, ¡que todo el mundo tiene que ir al menos una vez en la vida!

Y que vivan las cariátides…


Imagen: Vista de Skopelos desde el hotel, tras una lluvia torrencial. Sin retoques (no es en sepia, vamos).

Vacaciones, parte 2

Ayer por la noche llegué a Madrid. Estos 5 días en Galicia han sido un estupendo y necesario descanso, pero lo primero que hice al llegar fue poner una lavadora: mañana comienza la segunda etapa de las vacaciones, la etapa más planeada: Grecia.

En 9 días zascandilearemos nuestros cuerpos por Atenas y Skópelos (la más interesante isla de las Espóradas, en el Egeo), acercándonos a los orígenes de la cultura europea actual pero al mismo tiempo a la tranquilidad milenaria de una isla no tan visitada como Santorini o Mikonos.

No pienso hacer más planes de lo que será el viaje… dejaré que el país heleno me sorprenda, que su historia me deslumbre y que la antigüedad que sus restos (lo que queda de los expolios extranjeros) me seduzcan…

Dicen que Atenas decepciona… lo vamos a comprobar (y si no, siempre nos quedará Skopelos).

Ilustración de Relentlesstoil.

Vacaciones, parte 1

Mañana empiezan “oficialmente” mis vacaciones (aunque llevo sin trabajar desde el jueves pasado), ya que tomo un avioncillo hacia casa: miña terra galega.

Serán cinco días los que pase rodeada de familia, buena comida, playas históricas y truchas de río. ¿Quién puede pedir más?

Baldomero pasará unos días de rodríguez, pero a él eso le gusta, ya que puede destrozar la casa a su antojo y dormir encima de la mesa del salón, entre otras gamberradas (esta es mi coraza para no decir que me da una peniña que me muero al dejarlo solo).

El lunes por la noche aterrizaremos de nuevo en Madrid. El martes tengo una agenda apretadita. El miércoles llegará la segunda parte de las vacaciones…

In the meanwhile… disfrutaré del absoluto silencio de Rúa, un estupendo pueblo desconocido (no aparece ni en Google Maps, ni en los GPS…).

Ilustración de Seasprayblue

De los 1001 libros que hay que leer antes de morir

A pesar de que conozco el famoso libro de Peter Boxall, traducido (y ampliado con más obras hispanas) por Jose-Carlos Mainer, y avalado por numerosos críticos (cuya opinión de experto no deja de ser personal), no fue hasta la pasada semana que me interesó saber qué libros había dentro y cómo de pobre era mi cultura literaria.

Del listado original me he leído tan sólo 32 de las novelas, aunque mi intención era leer unas cuantas más, ya que tengo los libros en espera (los voy retrasando por unas cosas y otras). Del listado de Mainer he leido un total de 46… una cantidad ínfima (recuerden, 1.001). Paso a relatar:

Cantar del Mio cid (Anónimo).

La Celestina (Fernando de Rojas).

Lazarillo de Tormes (Anónimo).

Las penas del joven Werther (Goethe).

Sentido y sensibilidad (Jane Austen).

Orgullo y prejuicio (Jane Austen).

Mansfield Park (Jane Austen).

Emma (Jane Austen).

Cumbres Borrascosas (Emily Brontë).

Madame Bovary (Gustave Flaubert).

Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll).

El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde).

Drácula (Bram Stoker).

Misericordia (Benito Pérez Galdós).

Platero y yo (JRJ).

Siddharta (Herman Hesse).

El asesinato de Rogelio Ackroyd (Agatha Christie).

El amante de Lady Chatterley (D.H. Lawrence).

Un mundo feliz (Aldous Huxley).

El principito (Antoine de Saint Exupéry).

Rebelión en la granja (George Orwell).

Nada (Carmen Laforet).

Ejercicios de estilo (Raymond Queneau).

La espuma de los días (Boris Vian).

El túnel (Ernesto Sábato).

El viejo y el mar (Ernest Hemingway).

Mil Grullas (Yasunari Kawabata).

Requiem por un campesino español (Ramón J. Sénder).

Los Bravos (Jesús Fernández Santos).

Lolita (Vladimir Nabokov).

Desayuno en Tiffany’s (Truman Capote).

El maestro y Margarita (Mihail Bulgakov).

Cien Años de Soledad (Gabriel García Márquez).

Entrevista con el vampiro (Anne Rice).

La insoportable levedad del ser (Milan Kundera).

El perfume (Patrick Süskind).

El amor en los tiempos del cólera (Gabriel García Márquez).

La trilogía de Nueva York (Paul Auster).

Kitchen (Banana Yoshimoto).

Como agua para chocolate (Laura Esquivel).

Un millón de vacas (Manuel Rivas).

Seda (Alessandro Baricco).

El dios de las pequeñas cosas (Arundhati Roy).

Estupor y temblores (Amelie Nothomb).

La ignorancia (Milan Kundera).

Kafka en la orilla (Haruki Murasaki).

Son un total de 46 novelas, y a mi se me antojan pocas. Me da por pensar que pierdo mi tiempo en cosas absurdas y banales… tengo que volver con más fuerza a la literatura.

Ilustración de Kavel.

Martirio y Lila Downs juntas en el Conde Duque

Benditos los Veranos de la Villa, que me permitieron anoche presenciar el concierto doble protagonizado por dos mujerones de la canción hispana, de la fusión y reinvención del folclore (español, mexicano y latino): Martirio y Lila Downs.

A pesar de que mi decisión de ir tuvo más que ver con el desgarre profundo de la voz de Lila en canciones como La cumbia del Mole, la presencia de Martirio no sólo no me molestó, sino que me permitió escuchar interesantes modernizaciones de coplas y canción hispanoamericana adaptada.

Además, Martirio incluía a un grupo flamenco en su espectáculo (Son de la Frontera) y Lila se trajo a los mejores músicos latinos de cada instrumento, formando un conglomerado de estilos y nacionalidades que resultó ser la pasta que amasa la vida misma.

Mucho desgarre, mucho sentimiento, mucha mujer… todo fue sencillamente perfecto. Ayer supe que hasta la copla (quien dice copla dice tango, bolero o bulerías) puede ser tan alternativa como cualquier otra música, y que la tradición mexicana (de Veracruz a Chihuahua, de la preparación del mole a Tacha la Teibolera…) tiene un mundo de posibilidades musicales por descubrir. Ayer me fui con un gran sabor de boca…